La sesión especial por el 24 de marzo en el Concejo Deliberante dejó una escena atravesada por discusiones permanentes, cánticos desde la barra y un clima que fue subiendo de tono a lo largo de toda la jornada. Con el recinto lleno y la presencia de organismos de Derechos Humanos, el encuentro estuvo lejos de un acto protocolar.
El arranque ya mostró señales de conflicto. La proyección del video de Abuelas de Plaza de Mayo volvió a generar malestar en sectores oficialistas, mientras que desde el público respondieron con aplausos y expresiones de respaldo. A partir de ahí, cada intervención quedó atravesada por reacciones cruzadas.
Durante la lectura del documento de los organismos, las críticas al contexto político y a decisiones del propio Concejo marcaron el pulso del debate. “La memoria no se acomoda, se respeta”, fue una de las frases más resonantes, junto con advertencias por el avance de discursos negacionistas.
En medio de ese tramo, cuando aparecieron cuestionamientos al Gobierno nacional, el presidente del cuerpo, Emiliano Recalt, se levantó y abandonó su lugar, lo que desató una inmediata reacción de la barra con silbidos, insultos y cánticos. Su regreso minutos después no logró bajar la tensión.
El eje también pasó por el uso de espacios vinculados a la memoria, con cuestionamientos a la habilitación de actividades comerciales en zonas cercanas al Faro de la Memoria, lo que fue definido como una forma de banalización.
Al momento de los concejales, el recinto ya era un escenario de cruces abiertos. Desde La Libertad Avanza, Rolando Demaio sostuvo que “la libertad exige una memoria completa” y rechazó lo que consideró una mirada sesgada del pasado. “No vamos a aceptar que quienes eligieron la violencia, las bombas, los secuestros y el asesinato como método político, sean presentados como jóvenes idealistas”, lanzó, en medio de interrupciones.
En la misma línea, el oficialista Julián Busetti habló entre gritos y cuestionó tanto al kirchnerismo como a organismos de Derechos Humanos, con referencias a escenarios internacionales que alimentaron aún más el clima de confrontación dentro del recinto.
Desde la oposición, Valeria Crespo, de Unión por la Patria, puso el foco en la defensa de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y remarcó que los delitos de la dictadura “son crímenes de lesa humanidad”. Además, advirtió sobre “el crecimiento del negacionismo” y pidió sostener los espacios de memoria.
Por su parte, el radical Ricardo Liceaga Viñas definió al golpe de 1976 como “la etapa más oscura y violenta del país” y resaltó el rol de Raúl Alfonsín en el juzgamiento a las juntas. “La memoria no debe ser una evocación vacía, debe ser una herramienta para comprender, enseñar y sostener un compromiso activo con la democracia”, expresó.
Uno de los discursos más duros fue el de Gustavo Pulti, quien cuestionó el desarrollo del acto y lanzó: “No se trata de rituales vacíos ni de acomodar los feriados”. También apuntó contra los intentos de relativizar la dictadura, comparó esos planteos con posturas como el terraplanismo o el antivacunismo y habló de un “industricidio” en distintos momentos históricos.
En un tono más moderado, Guido García de la Coalición Cívica llamó a sostener la democracia “sin caer en la banalización ni en discursos que profundicen divisiones”.
El cierre de las intervenciones llegó con Juan Manuel Cheppi del Frente Renovador, quien recordó el accionar del terrorismo de Estado en la ciudad, mencionó la Noche de las Corbatas y reclamó “justicia por los 30.000 desaparecidos”.
Entre consignas como “Que digan dónde están”, interrupciones constantes y discursos a los gritos, la sesión dejó expuesta una fuerte grieta política en el recinto y un clima que dominó cada minuto del homenaje.

